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domingo, 5 de junio de 2016

FLORA - Gilberti Gil

Imagino-te já idosa
Frondosa toda a folhagem
Multiplicada a ramagem
De agora

Tendo tudo transcorrido
Flores e frutos da imagem
Com que faço essa viagem
Pelo reino do teu nome
Ó, Flora

Imagino-te jaqueira
Postada à beira da estrada
Velha, forte, farta, bela
Senhora

Pelo chão, muitos caroços
Como que restos dos nossos
Próprios sonhos devorados
Pelo pássaro da aurora
Ó, Flora

Imagino-te futura
Ainda mais linda, madura
Pura no sabor de amor e
De amora

Toda aquela luz acesa
Na doçura e na beleza
Terei sono, com certeza
Debaixo da tua sombra
Ó, Flora
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Composición: Gilberto Gil ·


COMENTARIO EN LA PÁGINA DE GILBERTO GIL EN FACEBOOK
Para Gil, seria difícil não aproveitar a sugestão poética de um nome tão bonito "para expressar todo um afeto a partir de uma 'viagem pelo reino do seu nome'. Eu não resisti. Assim, os elementos e as imagens da canção são todos extraídos do reino vegetal. Flora é como se eu penetrasse no bosque para encontrar a fada."
Das relações entre música e números e do gosto pela composição dividida em três partes, com sua justificativa - "Fiz as duas primeiras partes [cada parte dividida, na transcrição, em duas estrofes] num dia e, insatisfeito com isso, fiz no outro a terceira, que me satisfaz menos. Aquelas são muito profundas, densas, e a última mais diluída, ornamental - ficou como se fosse de presente pra ela, Flora. Ainda assim achei melhor mantê-la, pela minha mania do três; pela idéia de síntese que o número três dá. Às vezes duas partes são suficientes, mas em geral eu prefiro colocar mais uma, para promover dois deslocamentos semânticos entre as unidades - um, da primeira para a segunda, e outro, da segunda para a terceira. Quer dizer: três (partes) pra dois (movimentos)."
Música-anzol - "Era o verão de 79. Ela estava passando férias em Salvador. Eu a tinha conhecido um mês antes, e nós ainda não namorávamos. Telefonei para um amigo comum. 'Diga que eu quero vê-la, que vou estar no Teatro Vila Velha entre quatro e seis da tarde. Tenho uma coisa pra mostrar a ela.' Quando ela chegou, eu cantei a música.
"Flora foi portanto uma cantada literal. Cantei Flora na canção e com a canção. É minha única canção-cantada; que bom que tenha ficado suficiente em beleza e elegância. A alma exigia capricho: o sentimento era intenso, e o desejo, de uma relação durável. O que eu cantava não era só uma pessoa, mas toda uma vida com ela. Na letra eu já a imagino 'idosa', 'bela senhora', 'futura'. Elis é que me disse: 'Nunca uma mulher teve de um homem uma música dessa!' Uma música em que já se-lhe-oferecia a conformidade a estados que iriam aparecer na sucessão de eventos no tempo.
"A canção teve pra mim, como talvez pra ela, o caráter da irrecusabilidade da proposta. Flora foi além das intenções nela contidas; acabou tendo uma função. A cantada funcionou. É bom que a música e a poesia também tenham essa utilidade. Um modo sutil de ser útil. Uma sutil utilidade; uma 'sutilidade'..."
Um não-sei-o-que-é - "Há algumas canções na minha obra que me dão a sensação de um deslocamento para um outro plano, onde a poesia tem os seus elfos, as suas ninfas... Flora é uma delas. Ali parece que o ser da paixão se desloca também, usando a canção como se fora instrumento, escrava dele; que o conjunto da habilidade e do talento do indivíduo, eu, estiveram a serviço de uma encomenda feita por uma outra coisa, um ser, em destaque.
"Minha sensação é de que essas músicas (Metáfora é outra; Dada, também) respondem a uma questão que não era minha enquanto artista; em princípio, é como se eu não as tivesse feito. É como se, de repente, através delas eu pudesse ter acesso a uma leve presença de um ser poético que fosse um espírito, um ser da categoria dos transmateriais, para o qual o criador homem fosse cego: o ser das coisas, o ser eterno.
"Eu mesmo não o enxergo e tenho uma grande dificuldade com a apreensão do significado de expressões tais como 'o espírito do poeta', 'o espírito das coisas'; às vezes eu chego perto de alcançá-lo, outras, ele me foge. Parece algo ao mesmo tempo palpável e fugidio; é um negar-se ao afirmar-se, um afirmar-se ao negar-se; é uma coisa... eu não sei realmente o que é..."
- É um não-sei-o-que-é!
Gil: "Um não-sei-o-que-é! Bravo! É esse tipo de natureza que eu atribuo ao tal ser de que falo."

miércoles, 25 de mayo de 2016

LO COTIDIANO - Rosario Castellanos

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día; 
este cabello triste que se cae 
cuando te estás peinando ante el espejo. 
Esos túneles largos que se atraviesan con jadeo y asfixia; 
las paredes sin ojos, 
el hueco que resuena 
de alguna voz oculta y sin sentido.

Para el amor no hay tregua, amor. La nocheno se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas 
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse, 
no por ello la ley suelta sus garfios. 
El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla 
el sabor de las lágrimas. 
Y en el abrazo ciñes 
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.


APUNTES PARA UNA DECLARACIÓN DE FE - Rosario Castellanos

El mundo gime estéril como un hongo.
Es la hoja caduca y sin viento en otoño,
La uva pisoteada en el lagar del tiempo
pródiga en zumos agrios y letales.
Es esta rueda isócrona fija entre cuatro cirios,
esta nube exprimida y paralítica
y esta sangre blancuzca en un tubo de ensayo.
La soledad trazó su paisaje de escombros.
La desnudez hostil es su cifra ante el hombre.
Sin embargo, recuerdo...
En un día de amor yo bajé hasta la tierra: 
vibraba como un pájaro crucificado en vuelo
y olía a hierba húmeda, a cabellera suelta,
a cuerpo traspasado de sol al mediodía.
Era como un durazno o como una mejilla
y encerraba la dicha
como los labios encierran un beso.
Ese día de amor yo fui como la tierra:
sus jugos me sitiaban tumultuosos y dulces
y la raíz bebía con mis poros el aire
y un rumor galopaba desde siempre
para encontrar los cauces de mi oreja.
Al través de mi piel corrían las edades:
se hacía la luz, se desgarraba el cielo
y se extasiaba -eterno- frente al mar.
El mundo era la forma perpetua del asombro
renovada en el ir y venir de la ola,
consubstancial al giro de la espuma
y el silencio, una simple condición de las cosas.
Pero alguien (ya no acierto
con la estructura inmensa de su nombre)
dijo entonces: "No es bueno
que la belleza esté desamparada"
y electrizó una célula.
En el principio -dice
esta capa geológica que toco-
era sólo la danza:
cintura de la gracia que congrepa
juventudes y música en su torno.
En el principio era el movimiento.
Cada especie quería constatarse, saberse
y ensayaba las notas de su esencia:
la jirafa alargaba la garganta
para abrevar en nubes de limón.
Punzaba el aire en las avispas múltiples 
y vertía chorritos de miel en cada herida
para que el equilibrio permaneciera invicto.
El ciervo competía con la brisa
y el hombre daba vueltas alrededor de un árbol
trenzado de manzanas y serpientes.
Nadie lo confesaba, pero todos
estaban orgullosos de ser como juguetes
en las manos de un niño.
Redondeaban su sombra los planetas
y rebotaban locos de alegría
en las altas paredes del espacio
teñidas de antemano en un risueño azul.
No me explico por qué
fue indispensable que alguien inventara el reloj
y desde entonces todo se atrasa o se adelanta,
la vida se fracciona en horas y en minutos
o se quiebra o se para.
La manzana cayó; pero no sobre un Newton
de fácil digestión,
sino sobre el atónito apetito de Adán.
(Se atragantó con ella como era natural.)
¡Qué implacable fue Dios -ojo que atisba
a través de una hoja de parra ineficaz!
¡Cómo bajó el arcángel relumbrando
con una decidida espada de latón!
Tal vez no debería yo hablar de la serpiente
pero desde esa vez es un escalofrío
en la columna vertebral del universo.
Tal vez yo no debiera descubrirlo
pero fue el primer círculo vicioso
mordiéndose la cola.
Porque esto, en realidad, sólo tendría importancia
si ella lo supiera.
Pero lo ignora todo reptando por el suelo,
dormitando en la siesta.
Ah, si se levantara
sin el auxilio de fakires indios
a contemplar su obra.
Aquí estaríamos todos:
la horda devastando la pradera,
dejando siempre a un lado el horizonte,
tratando de tachar la mañana remota,
de arrasar con la sal de nuestras lágrimas
el campo en que se alzaba el Paraíso.
Gritamos ¡adelante! por no mirar atrás.
El camino se queda señalado
-estatua tras estatua- por la mujer de Lot.
Queremos olvidar la leche que sorbimos
en las ubres de Dios.
Dios nos amamantaba en figura de loba
como a Rómulo y Remo, abandonados.
Abandonados siempre. ¿De qué? ¿De quién? ¿De dónde?
No importa. Nada más abandonados.
Cantamos porque sí, porque tenenmos miedo,
un miedo atroz, bestial, insobornable
y nos emborrachamos de palabras
o de risa o de angustia.
¡Qué cuidadosamente nos mentimos!
¡Qué cotidianamente planchamos nuestras máscaras
para hormiguear un rato bajo el sol!
No, yo no quiero hablar de nuestras noches
cuando nos retorcemos como papel al fuego.
Los espejos se inundan y rebasan de espanto
mirando estupefactos nuestros rostros.
Entonces queda limpio el esqueleto.
Nuestro cráneo reluce igual que una moneda
y nuestros ojos se hunden interminablemente.
Una caricia galvaniza los cadáveres:
sube y baja los dedos de sonido metálico
contando y recontando las costillas.
Encuentra simpre con que falta una
y vuelve a comenzar y a comenzar.
Engaño en este ciego desnudarse,
terror del ataúd escondido en el lecho,
del sudario extendido
y la marmórea lápida cayendo sobre el pecho.
¡No poder escapar del sueño que hace muecas
obscenas columpiándose en las lámparas!
Es así como nacen nuestros hijos.
Parimos con dolor y con vergüenza,
cortamos el cordón umbilical aprisa
como quien se desprende de un fardo o de un castigo.
Es así como amamos y gozamos
y aún de este festín de gusanos hacemos
novelas pornográficas
o películas sólo para adultos.
Y nos regocijamos de estar en el secreto,
de guiñarnos los ojos a espaldas de la muerte.
La serpiente debía tener manos
para frotarlas, una contra otra,
como un burgués rechoncho y satisfecho.
Tal vez para lavárselas lo mismo que Pilatos
o bien para aplaudir o simplemente
para tener bastón y puro
y sombrero de paja como un dandy.
La serpiente debía tener manos
para decirle: estamos en tus manos.
Porque si un día cansados de este morir a plazos
queremos suicidarnos abriéndonos las venas
como cualquier romano,
nos sorprende saber que no tenemos sangre
ni tinta enrojecida:
que nos circula un aire tan gratis como el agua.
Nos sorprende palpar un corazón en huelga
y unos sesos sin tapa saltarina
y un estómago inmune a los venenos.
El suicidio también pasó de moda 
y no conviene dar un paso en falso 
cuando mejor podemos deslizarnos.
¡Qué gracia de patines sobre el hielo!
¡Qué tobogán más fino! ¡Qué pista lubricada!
¡Qué maquinaria exacta y aceitada!
Así nos deslizamos pulcramente
en los tés de las cinco -no en punto- de la tarde,
en el cocktail o el pic-nic o en cualquiera
costumbre traducida del inglés.
Padecemos alegia por las rosas,
por los claros de luna, por los valses
y las declaraciones amorosas por carta.
A nadie se le ocurre morir tuberculoso
ni escalar los balcones ni suspirar en vano.
Ya no somos románticos.
Es la generación moderna y problemática
que toma coca-cola y que habla por teléfono
y que escribe poemas en el dorso de un cheque.
Somos la raza estrangulada por la inteligencia,
"La insuperable,
mundialmente famosa trapecista
que ejecuta sin mácula
triple salto mortal en el vacío".
(La inteligencia es una prostituta 
que se vende por un poco de brillo
y que no sabe ya ruborizarse.)
Puede ser que algún día
invitemos a un habitante de Marte
para un fin de semana en nuestra casa.
Visitaría en Europa lo típico:
alguna ruina humeante
o algún pueblo afilando las garras y los diente.
Alguna catedral mal ventilada,
invadida de moho y oro inútil
y en el fondo un cartel: ´Negocio en quiebra."
Fotografiaría como experto turista
los vientres abultados de los niños enfermos,
las mujeres violadas en la gruerra,
los viejos arrastrando en una carretilla
un ropero sin lunas y una cuna maltrecha.
Al Papa bendiciendo un cañón y un soldado,
y las familias reales sordomudas e idiotas,
al hombre que trabaja rebosante de odio
y al que vende el horno de sus abuelos
a la heredera del millón de dólares.
Y luego le diríamos:
Esto es solo la Europa de pandereta.
Detrás está la verdadera Europa:
la rica en frigoríficos -almacenes de estatuas
donde la luz de un cuadro se congela,
donde el verbo no puede hacerse carne.
Allí la vida yace entre algodones
y mira tristemente tras el cristal opaco
que la protege de corrientes de aire.
En estas vastas galerías de muertos,
de fantasmas reumáticos y polvo,
nos hinchamos de orgullo y de soberbia."
Los rascacielos ya los ha visto de lejos:
los colmenares rubios donde los hombres nacen,
trabajan, se enriquecen y se pudren
sin preguntarse nunca para qué todo esto,
sin indagar jamás como se viste el lirio
y sin arrepentirse de su contento estúpido.
Abandonemos ya tanto cansancio.
Dejemos que los muertos entierren a sus muertos
y busquemos la aurora
apasionadamente atentos a su signo.
Porque hay aún un continente verde
que imanta nuestras brújulas.
Un ancho acabamiento de pirámides
en cuyas cumbres bailan doncellas vegetales
con ritmos milenarios y recientes
de quien lleva en los pies la sabia y el misterio.
Un cielo que las flechas desconocen
custodiado de mitos y piedras fulgurantes.
Hay enmarañamientos de raices
y contorsión de troncos y confusión de ramas.
Hay elásticos pasos de jaguares
proyectados -silencio y terciopelo-
hacia el vuelo inasible de la garra.
Aquí parece que empezara el tiempo
en solo un remolino de animales y nubes,
de gigantescas hojas y relámpagos,
de bilingues entrañas desangradas.
Corren ríos de sangres sobre la tierra ávida
corren vivificando las más altas orquídeas,
las más esclarecidas amapolas.
Se evaporan rugientes en los templos
ante la impenetrable pupila de obsidiana.
Brotan como una fuente repentina
al chasquido de un látigo.
Crecen en le abrazo enorme y doloroso
del cántaro de barro con el licor latino.
Río de sangre eterno y derramado
que deposita limos fecundos en la tierra.
Su caudal se nos pierde a veces en el mapa
y luego lo encontramos
-ocre y azul- rigiendo nuestro pulso.
Río de sangre, cinturón de fuego.
En las tierras que tiñe, en la selva multípara,
en el litoral bravo de mestiza
mellado de ciclones y tormentas,
en este continente que agoniza
bien podemos plantar una esperanza.

miércoles, 30 de marzo de 2016

De Noche - Rafael Pombo

La vieillese esf une voyageuse de nuit
Chateaubriand  


No ya mi corazón desasosiegan  
Las mágicas visiones de otros días. 
¡Oh Patria! ¡oh casa! ¡oh sacras musas mías!. . .  
Silencio! Unas no son, otras me niegan.

Los gajos del pomar ya no doblegan 
Para mí sus purpureas ambrosías; 
Y del rumor de ajenas alegrías 
Sólo ecos melancólicos me llegan. 
Dios lo hizo así. Las quejas, el reproche  
Son ceguedad. ¡Feliz el que consulta 
Oráculos mas altos que su dueño! 
Es la Vejez viajera de la noche;  
Y al paso que la tierra se le oculta, 
Abrese amigo a su mirada el cielo. 


Junio 1° de 1890 

 

Valsando - Rafael Pombo

Casta madonna del siglo trece,
En fondo de oro la blanca luna;
Un cielo inmenso, sin mancha alguna,
Que al que lo mira rejuvenece,
Y en su éter puro nos desvanece,
Dando alas de Ángel al corazón:
Y en mis oídos vibrando el rápido
Vals embriagante de aquellos días
En que girando loca de júbilo
Entre mis brazos amanecías,
Y negra hallábamos el alba hermosa
Que con sus tintas de perla rosa
Nos daba el toque de dispersión.

En esta noche, bajo este cielo,
A sus compases inflamadores,
Que alegre mi alma levanta el vuelo
Y torna al cielo de sus amores,
ya percibe tu aura de flores,
Y
Y el dulce peso

LO DESCONOCIDO - Rafael Pombo

(En el álbum de una bella desconocida)

¿Qué instinto misterioso al hombre inclina
Al despego y frialdad por todo aquello
Que ya conoce, y a vestir de encanto
Y aun perseguir con afanosa industria
Todo lo que le es desconocido?

La cumbre azul de inaccesible monte,
La temblorosa estrella, el pajarillo
Que canta y no se ve, la forma vaga
Que definir las sombras no permiten;
El raudal que velado entre hondo bosque
Estrepitoso se derrumba; el río
Que por arcos de selva entrando vemos
A otro mayor do navegando vamos;
Una frase fugaz de amiga boca
Que a medias, percibimos; un sarao
Desde afuera escuchado; un pie que asoma
La media estrofa de un papel rasgado;
La inscripción rota, la actitud y asunto  
Del torso antiguo, el fondo del estanque, 
Los remotos orígenes del Nilo;  
La ignota mano que escribió un billete 
La nave que en la bruma se consume;  
El crepúsculo incierto, grato al alma 
Muy más que el esplendor del medio día;  
Los cuasi temas, los acordes sueltos 
Que de lejana másica nos traen  
Las ráfagas del viento caprichosas; 
El recién muerto, cuyo gesto inmóvil 
Calla pertinazmente el gran secreto  
Que fascinada el alma le pregunta; 
El héroe muerto en flor, que siempre excede 
A cuantos su epopeya remataron... 
Hay en todo eso el íntimo atractivo 
De lo desconocido o lo incompleto  
Que a investigar o a completar provoca.
  
Oigo en todo eso un ¡búscame! irritante;  
Imán de lo infinito a lo finito; 
O una belleza de ilusión que acaso  
La belleza real no alcanza nunca .
Parece que abrigara el alma humana 
Tipos de toda perfección , los cuales  
En infalible idealidad modelan 
Los breves elementos que reciben; 
Mientras que, si tentamos coronarlo  
Con nuestros medios materiales, todo 
De los sentidos la torpeza acusa. 

Pero ese afán perseguidor envuelve 
La mejor lucha de la vida, y llenos  
Siglos y tierra están de sus conquistas. 
De allí la ciencia, progresiva marcha 
De lo noto a lo ignoto, a la cual deben 
El cielo estrellas, y la tierra un mundo;  
De allí el perdido Edén y de allí el Arte, 
Cazador de hermosura, que delira 
En volver a encontrar el Paraíso  
De allí la Historia, la locuaz curiosa; 
De allí el Amor, pues siempre en lo que amamos,  
Algo, a nuestro pesar, desconocemos; 
Y de allí, el desamor para el ingenio  
Que, como un libro de escolar, permite 
Que el corazón le aprenda de memoria;  
Allí la Fe, visión de lo invisible; 
Allí, en fin, el instinto, la conciencia 
De un destino inmortal; de algo que abraza 
Juntos misterio y solución de todo; 
Unidad, perfección de perfecciones;  
Causa primera y fin de cuanto existe; 
Consciente posesión de lo absoluto  
Ardiente vida en Éxtasis inefable.
  
Bogotá, febrero 15 de 1881

martes, 29 de marzo de 2016

LIGERAMENTE, So Chung - Ju

Amada,
me he decidido a no acudir a nuestra cita;
en cambio, a la mitad del camino
he de hacer novillos o divagar un poco.
En vez de ti
pensaré ligeramente
en la hierba.
No sé si esto sea construir un convento
entre tú y yo, sin embargo
he de hacerme ya el distraído
y construir levemente un templo de hierbas.

MI AMADA DUERME - So Chung - Ju

Mi amada
está dormida
y yo me convierto en cigüeña que vuela
como la de su blanca almohada con bordados.

Las joyas carmesíes
se hunden una por una en el fondo del mar de
sueños
y experimento siempre una sensación de
despedida
cada vez que cae una y otra joya en el mar.

Mi amada se duerme
y me deja un anillo de oro fino
cuyo círculo delgado
cubre todo mi cielo.

Sin embargo, yo tengo que volver
al círculo dorado del almohadón
que sostiene el sueño de mi amada.
Y vuelvo a sentir que estoy despidiéndome.

ESTE CORAZÓN AMANTE - So Chung - Ju

Este corazón amante
ya ha perdido las palabras
en el silencio
y vive allá en el cielo sin nubes.

Y baja a veces por la escalera del arco iris
a descansar en la nube.
O se esconde en las gotas de la lluvia
para descender sobre las margaritas;
florecen y se mecen suaves.
Cuando se marchitan las margaritas
vuelve volando a la nube
y sube por la escalera del arco iris al sol
para vivir de nuevo en el cielo sin nubes

miércoles, 24 de febrero de 2016

RESURRECCIÓN - So Chung-Ju

He venido a verte, Suna.
Cuánto eres tú aquí, niña.
Vienes de los cuatro puntos cardinales
con tu sonrisa
cuando voy caminando solitario por la calle

Chong-ro.
Te he echado de menos
cada vez que cantaba algún gallo en el alba.
¿Me has oído llamarte?
Oh, Suna, cuántos siglos hace ya que no te veo.

Aquel día, en que te fuiste en ataúd de flores
más allá de la montaña,
no quedó en mis ojos más que el cielo vacío,
en mis manos, ni una cabellera para acariciar.
Y cómo llovía... Tras la vela, fui abriendo la puerta
de piedra donde cantaban los búhos
y encontré un río de miles de millas...
Y cómo pudiste volver, o en qué arco iris bajaste
desde tu escondido domicilio, desde donde ni siquiera
pudiste escribirme.

En los cuatro caminos de la calle Chong-ro
un mar de nieblas, o un mar de niños y niñas
vienen charlando en el sol.
Y entre estas niñas de diecinueve o veinte años
¡oh, por fin regresas en sus ojos, en su sangre,
en su corazón
Suna, Suna, Suna. Oh, cómo te veo venir y hacerte presente



So Chung-Ju. Nació en Booan-Myon, Kochang-Kun, Chunbuk, Corea del Sur,
en 1915. Ingresa en el Instituto Superior Central de Budismo en 1933. En 1936,
ganó el premio del diario "Dongailbo" con su poema "La pared". Dejó sus
estudios de escuela y se convierte en fundador y redactor de la revista poética
"Aldea de los poetas". Actualmente es miembro de la Academia de Arte y
miembro de la Junta del Consejo Literario Coreano.
    Su obra registra varios títulos entre poesía y ensayo literario, y con ella ha
merecido varios e importantes reconocimientos; entre otros, obtuvo muchos
premios de Corea. Sus obras representativas de poesía son: Serpiente
colorado (1941), El cuco (1946), La antología poética de So Chung Ju (1955),
El epítome de Sila (1960), El cielo del invierno (1968), El mito de Guilmajae
(1975), El poema de vagabundo (1976), El poema de los días de lágrimas de
flamenco (1982), etc


FUENTE: Selección de Poesía Coreana Moderna

viernes, 12 de febrero de 2016

VOCALES DE FUEGO - Guiomar Cuesta Escobar

Este amor es algo más
que un diálogo interior
o un silencio profano.

Es verbo
que suelta vocales de fuego
en la madrugada
y una inmensa llanura
tierradentro
nos responde.

Este arrobo
nos conduce
a una heredad
sin precio.

Territorio
de los hallazgos
que nos sorprenden
al romper el alba.

Sin edad
doy rienda suelta
--no simulo--
solo me dejo ir
envuelta en lumbre.

Amazona y mujer
que habla recio
así como amo
me pronuncio.

Se me hace 
agua la boca
glorioso paladar
que se obstina 
en devorar
esa tu enorme sed
que me devora.

Fragmento tomado de una entrevista a Guiomar Cuesta en el 2013, por María Publishing





lunes, 8 de febrero de 2016

VIOLETAS - Cândido José de Araújo Viana "Marquês de Sapucaí"

Foto tomada de la página Florespedia


Da planta que mais presavas,
Que era, filha, os teus amores,
Venho de pranto orvalhadas
Trazer-te as primeiras flores.

Em vez de afagar-te o seio,
De enfeitar-te as lindas tranças,
Perfumarão esta lousa
Do jazigo em que descanças.

Já lhes falta aquele viço,
Que o teu desvelo lhes dava...
Gelou-se a mão protetora
Que tão fagueira as regava.

Desgraçadas violetas,
A fim prematuro correm...
Pobre flores! também sentem!
Também de saudade morrem!



jueves, 28 de enero de 2016

IDILIO ETERNO - Julio Flórez

Ruge el mar, y se encrespa y se agiganta;
la luna, ave de luz, prepara el vuelo
y en el momento en que la faz levanta,
da un beso al mar, y se remonta al cielo.

Y aquel monstruo indomable, que respira
tempestades, y sube y baja y crece,
al sentir aquel ósculo, suspira...
¡y en su cárcel de rocas... se estremece!

Hace siglos de siglos, que, de lejos,
tiemblan de amor en noches estivales;
ella le da sus límpidos reflejos,
él le ofrece sus perlas y corales.

Con orgullo se expresan sus amores
estos viejos amantes afligidos:
ella le dice "¡te amo!" en sus fulgores,
y él prorrumpe "¡te adoro!" en sus rugidos.

Ella lo duerme con su lumbre pura,
y el mar la arrulla con su eterno grito
y le cuenta su afán y su amargura
con una voz que truena en lo infinito.

Ella, pálida y triste, lo oye y sube,
le habla de amor en su celeste idioma,
y, velando la faz tras de la nube,
le oculta el duelo que a su frente asoma.

Comprende que su amor es imposible,
que el mar la copia en su convulso seno,
y se contempla en el cristal movible
del monstruo azul, donde retumba el trueno.

Y, al descender tras de la sierra fría,
le grita el mar: "¡En tu fulgor me abraso!
¡no desciendas tan pronto, estrella mía!
¡estrella de mi amor, detén el paso!

¡Un instante mitiga mi amargura,
ya que en tu lumbre sideral me bañas!
¡no te alejes!... ¿no ves tu imagen pura,
brillar en el azul de mis entrañas?"

Y ella exclama, en su loco desvarío:
"¡Por doquiera la muerte me circunda!
¡Detenerme no puedo monstruo mío!
¡Compadece a tu pobre moribunda!

Mi último beso de pasión te envío;
¡mi postrer lampo a tu semblante junto!..."
y en las hondas tinieblas del vacío,
hecha cadáver, se desploma al punto.

Entonces, el mar, de un polo al otro polo,
al encrespar sus olas plañideras,
inmenso, triste, desvalido y solo,
cubre con sus sollozos las riberas.

Y al contemplar los luminosos rastros
del alba luna en el obscuro velo,
tiemblan, de envidia y de dolor, los astros
en la profunda soledad del cielo.

¡Todo calla!... el mar duerme, y no importuna
con sus gritos salvajes de reproche;
y sueña que se besa con la luna
¡en el tálamo negro de la noche!

RESURRECCIONES - Julio Flórez

Algo se muere en mí todos los días;
la hora que se aleja me arrebata,
del tiempo en la insonora catarata,s
alud, amor, ensueños y alegrías.


Al evocar las ilusiones mías,
pienso: "¡yo, no soy yo!" ¿por qué, insensata,
la misma vida con su soplo mata
mi antiguo ser, tras lentas agonías?


Soy un extraño ante mis propios ojos,
un nuevo soñador, un peregrino
que ayer pisaba flores y hoy... abrojos.


Y en todo instante, es tal mi desconcierto,
que, ante mi muerte próxima, imagino
que muchas veces en la vida...he muerto.



TE BUSCO - Víctor Víctor

Al cielo una mirada larga
Buscando un poco de mi vida
Mis estrellas no responden
Para alumbrarme hacia tu risa

Olas que esfuman de mis ojos
A una legión de tus recuerdos
Me roban formas de tu rostro
Dejando arena en el silencio

Te busco perdida entre sueños
El ruido de la gente
Me envuelven en un velo
Te busco volando en el cielo
El viento te ha llevado
Como un pañuelo viejo
Y no hago mas que rebuscar
Paisajes conocidos
En lugares tan extraños
Que no puedo dar contigo

En cualquier huella te persigo (voy tras de ti)
En una sombra te dibujo (al recordar)
Huellas y sombras que se pierden (de la solidad)
La suerte no vino conmigo
Te busco


martes, 8 de diciembre de 2015

Las coronas secretas de los cielos - Elizabeth Schön

Hay un Dios 
demasiado
inmenso para el pequeño
pie del hombre 
El alma no se 
altera olfativa 
acequia va 
pasando de la 
claridad 
a la piel de la piel a 
esa sangre tuya tan 
distinta a
la del infalible 
que grita y gritando 
socava el abrazo 
de la redonda 
mano fresca.


Trono el tuyo que 

únicamente tú 
conoces 
aguardando la circulación 
variada andante de los tiempos
y su continuo nado inalcanzable.

Fragmentos

miércoles, 2 de diciembre de 2015

LA CULPA ES DE UNO - Mario Benedetti

Quizá fue una hecatombe de esperanzas
un derrumbe de algun modo previsto
ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido

todas mis intuiciones se asomaron

para verme sufrir
y por cierto me vieron

hasta aqui habia hecho y rehecho

mis trayectos contigo
hasta aquí había apostado
a inventar la verdad
pero vos encontraste la manera
una manera tierna
y a la vez implacable
de desahuciar mi amor

con un solo pronóstico lo quitaste

de los suburbios de tu vida posible
lo envolviste en nostalgias
lo cargaste por cuadras y cuadras
y despacito
sin que el aire nocturno lo advirtiera
ahí nomas lo dejaste
a solas con su suerte
que no es mucha

creo que tenes razon

la culpa es de uno cuando no enamora
y no de los pretextos
ni del tiempo

hace mucho muchisimo

que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno

ahora estoy solo

francamente
solo

siempre cuesta un poquito

empezar a sentirse desgraciado

antes de regresar
a mis lóbregos cuarteles de invierno

con los ojos bien secos

por si acaso

miro como te vas adentrando en la niebla

y empiezo a recordarte.