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sábado, 5 de junio de 2010

MAS ALLÁ. Ma Cecilia Murcia

Estaba esperando que una reunión de cierta ideología política tratando un tema de mi interés sobre la discapacidad, diera comienzo. Había llegado de primera, cumplida a esta cita. Quince minutos después, entró al salón un hombre joven como de 35 años de edad. Carlos es su nombre, estaba charlando con entusiasmo con quien lo guiaba hacia un lugar al parecer previamente designado para él, adelante y con giro de la silla hacia el centro.

Nos presentaron e intercambiamos solo nombres, pues llegó una tercera persona. Carlos se interesó en saber más de mí y desde donde estaba me hacía preguntas, pero una conversación así resultaba incómoda y decidí ir a su lado. Cuando me estaba sentando me di cuenta que él había plegado el bastón de uso para invidentes. Me preguntó cómo era el salón, qué color tenía y me pidió que se lo describiera. Yo no entendía de que serviría la descripción por causa de su ceguera, pero lo hice  con detalle. 
Fueron instantes muy bellos donde solo intermediaban las palabras, desde el cumplimiento de su petición por una descripción del salón en el que nos encontrábamos, hasta una comunicación de corazón abierto que hizo una charla poco común.

Como la reunión tardó en comenzar conversamos con mucho interés en un conocimiento reflexivo, ajustando la teoría del conocimiento expresada por un gran amigo, y nos permitimos transitar por la intimidad de los sentimientos, específicamente de los suyos en relación con su discapacidad.

Carlos perdió la visión por una lesión en el nervio óptico cerca de los 20 años de edad, pero eso no fue impedimento para que se recibiera como abogado, aportando su conocimiento en Legislación para la Discapacidad, en la estructuración de Planes de Gobierno y en la Docencia.

Lo que quiero resaltar, es la capacidad que este maravilloso hombre ciego, “tiene para ver” y entender lo que hay en un corazón. Su ventaja es poder desligarse de la superficialidad en la que nos puede arrojar nuestro concepto visual.

Todo mi cariño para este hombre especial, Carlos Parra. Que Dios le bendiga por toda esa fuerza interior que ha desarrollado. ¡¡¡Lindo Ejemplo!!!


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