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domingo, 18 de agosto de 2024

CONFESIÓN - Charles Baudelaire

Una vez, una sola, mujer dulce y amable,
En mi brazo el vuestro pulido
Se apoyó ( sobre del denso fondo de mi alma
Ese recuerdo no ha palidecido);

Era tarde; al igual que una medalla nueva,
 La Luna llena apareció,
Y la solemnidad nocturna, como un río,
Sobre París dormido se extendía.

Los gatos, por debajo de las puertas de coches,
Deslizábanse furtivos
El oído al acecho o, como sombras caras,
Nos seguían despacio.

Y de súbito, en medio de aquella intimidad,
Abierta en la luz pálida,
De Vos, rico y sonoro instrumento en que vibra
 La más luminosa alegría,

De vos, clara y alegre igual que una fanfarria
En la mañana chispeante,
Una quejosa nota, una insólita nota
Vacilante se escapó,

Como un niño sombrío, horrible y enfermizo
Que a su familia avergonzara,
Y al que durante años, para ocultarlo al mundo,
En una cueva habría encerrado.

Vuestra discorde nota, ¡mi pobre ángel! cantaba:
«Que aquí abajo nada es firme,
Y que siempre, aunque mucho se disfrace,
El egoísmo humano se traiciona;

Que es un oficio duro el de mujer hermosa
Y que es más bien tarea banal,
De la loca y helada bailarina fijada
En maquinal sonrisa;

Que fiar en corazones es algo bien estúpido;
Que es todo trampa, belleza y amor,
Y al final el Olvido los arroja a un cesto

¡Y los torna a la Eternidad!»

Esa luna encantada evoqué con frecuencia,
Ese silencio y esa languidez,
Y aquella confidencia penosa, susurrada
Del corazón en el confesionario.


miércoles, 10 de mayo de 2023

EL CASTIGO SIN VENGANZA - Lope de Vega 1631

Pues, señora, yo he llegado,

perdido a Dios el temor,

y al Duque, a tan triste estado
que este mi imposible amor
me tiene desesperado.


En fin, señora, me veo
sin mí, sin vos y sin Dios:
sin Dios, por lo que os deseo;
sin mí, porque estoy sin vos;
sin vos, porque no os poseo.


Y, por si no lo entendéis,
haré sobre estas razones
un discurso, en que podréis
conocer de mis pasiones
la culpa que vos tenéis.

Aunque dicen que el no ser
es, señora el mayor mal,
tal por vos me vengo a ver
que, para no verme tal,
quisiera dejar de ser.
En tantos males me empleo
después que mi ser perdí
que, aunque no verme deseo,
para ver si soy quien fui,
en fin, señora, me veo.


A decir que soy quien soy
tal estoy que no me atrevo,
y por tales pasos voy
que aun no me acuerdo que debo
a Dios la vida que os doy.
Culpa tenemos los dos
del no ser que soy agora,
pues, olvidado por vos
de mí mismo, estoy, señora,
sin mí, sin vos y sin Dios.


Sin mí no es mucho, pues ya
no hay vida sin vos que pida
al mismo que me la da;
pero sin Dios, con ser vida,
¿quién sino mi amor está?
Si en desearos me empleo
y él manda no desear
la hermosura que en vos veo,
claro está que vengo a estar
sin Dios, por lo que os deseo.

¡Oh, qué loco barbarismo
es presumir conservar
la vida en tan aciago abismo
hombre que no puede estar
ni en vos ni en Dios ni en sí mismo!
¿Qué habemos de hacer los dos,
pues a Dios por vos perdí
después que os tengo por dios;
sin Dios, porque estáis en mí;
sin mí, porque estoy sin vos?


Por haceros sólo bien,
mil males vengo a sufrir.
Yo tengo amor; vos, desdén;
tanto, que puedo decir:
¡mirad con quién y sin quién!
Sin vos y sin mí peleo
con tanta desconfianza:
sin mí, porque en vos ya veo
imposible mi esperanza;
sin vos, porque no os poseo.


El castigo sin venganza (1631)
Lope de Vega


viernes, 23 de abril de 2010

PALABRAS, Ma. Cecilia Murcia

Palabras consteladas en la profundidad nocturna
Multitud de luces infinitas que titilan
Diamantes eternos de brillo que fulgura
Sueños inalcanzables, espectáculo de hermosura.

Palabras de luna blanca frente a los ojos
Gemelas nocturnas en fuego palpitante
Almas abiertas que se tocan en el viento
Alas de miel, caricias en los párpados.

Palabras lluviosas, tormenta en un cielo gris
Relámpagos de secretos revelados
Lágrimas torrenciales como ríos encontrados
Caudal de mil colores ciertos y promisorios.

Palabras que regresan como un eco
Vienen y van en fuga sin luz propia
Ensordecen en su carrera angustiosa
No saben de nada, solo de sí mismas.

Palabras rocosas, tropiezo al andar
Grandes enigmas, duras e implacables
Oscuras, sombrías e impenetrables
Golpean, se retiran, dejan huella.

Palabras de sol, calidez de medio día,
Inocencia de luz, de verdad, de alegría
Atardecer de musicales risas infantiles
Como elixir que satisface la sed del corazón.

Palabras oceánicas de mar azul
Dimensión de profundidad desconocida
Inconmensurables, sentidas, espirituales
Secretos por descubrir, respuestas de vida.

Y mis palabras, mis palabras no se qué son para ti
Son consteladas, de luna, de lluvia,
De sol, oceánicas, rocosas
Pero como palabras de eco, regresan a mi vacías.